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 Conversación clínica acerca del parcero-sintoma en la neurosis obsesiva

 



Claudia Lázaro
Psicóloga - Universidad de Buenos Aires/Argentina
Psicoanalista
Miembro de la Escuela de Orientación Lacaniana
Graduada del ICBA – Instituto Clínico de Buenos Aires
Colaboradora docente en presentación de enfermos con niños y adolescentes en el 
Hospital Carolina Tobar García
Colaboradora docente de casuística del ICBA (2002-2005)

clazaro@speedy.com.ar

 

Resumo

Tratase del comentario de cuatro casos de neurosis obsesiva, presentados en la Conversación Clínica del VI Congreso de la AMP 2008, en la mesa titulada: El partenaire síntoma. En dos de los casos, el paciente pide a su analista que no le saque su satisfacción con el síntoma. Estos pensamientos de culpación son su partenaire-síntoma, razón por la cual no quiere dejarlos. Los analisantes no saben que los síntomas les traen una satisfacción pulsional. El verbo es lo que se desdobla en el recorrido pulsional. La pulsión se queda evidente en el verbo. Presentamos la pregunta que se sigue: ¿Cuál es la ganancia para cada sujeto del nuevo recorrido pulsional, que él construye a partir de su análisis?

Palabras-clave: psicoanálisis, caso clínico, neurosis obsesiva, pulsión, síntoma, partenaire-síntoma.

 

   
 

 

  Clinical conversation about the symptom partner in the obsessive neurosis

Abstract

This is about commenting four cases of obsessive neurosis, presented in the clinical Conversation of VI in the table entitled: the symptom partner. In two of these cases, the patient asks his analyst not to take away his satisfaction obtained in the symptom. These accusatory thoughts are his symptom partners which is the reason why he does not want to let them go. The subjects in analysis do not know that the symptoms carry a joy satisfaction. The verb is what expands in the joy circuit. The joy is present in the verb. We raise the following question: What is the gain for each subject of the new joy circuit that he arms from his analysis?

Key words: psychoanalytical clinic, case relate, symptom, obsessive neurosis, symptom partner



Caso 1: El caminante o el circuito pulsional de un sujeto

En el deslizamiento que produce la intervención de la analista desde “la práctica” a la pregunta:¿qué practica Ud.?, el verbo destaca la satisfacción implicada en el asunto. El trabajo, el goce desarrollado en la acción de ir en busca del objeto. El verbo es lo que se despliega en el circuito pulsional. La pulsión entonces, se presentifica en el verbo. A veces también en el adjetivo, como por ejemplo “mirón” en el caso.

Es un rasgo notable de esa intervención, los efectos que tuvo.

Dos de estos casos que discutimos piden a su a analista que no le quite la satisfacción obtenida en el síntoma: “no me quite mis caminatas, sólo la culpa y la angustia de que puedan verme mis hijas”.

En el caso de Tania también el sujeto pide expresamente: “no me cure de mis auto acusaciones, son las que me mantienen ligado a la realidad”. Tanto son su partenaire, este síntoma de los pensamientos acusatorios, que no quiere dejarlos. Lo que no sabe, es la satisfacción que conllevan. Y esa es la verdadera dificultad que tiene el analista con un obsesivo: venir a ser su partenaire, compitiéndole el puesto a los pensamientos.

Pero volvamos al caminante: cada vez que leo el caso no puedo evitar preguntarme: ¿cuál es la ganancia para el sujeto del nuevo circuito pulsional que arma a partir de su análisis?. Pienso que vale la pena hacerse el planteo.

Llamaremos primero al circuito en bruto, el que trae el paciente al acercarse al analista: busca a la mujer de la que puede recortar el objeto, un pedazo de espalda -en la mujer esbelta y joven. La analista rastrea después esas condiciones, inscriptas en la transmisión paterna: el padre que encuentra a su mujer a través del ojo de la cerradura.

El circuito 2 es el circuito que la analista interpreta como el “cazador- cazado”. Una mujer se da vuelta y lo reduce a la función de la mancha: el objeto lo mira, como la lata de sardinas mira a Lacan joven, en el cuadro de los pescadores, y lo incomoda. El resultado es la angustia.

El circuito 3: es el circuito final, producto del análisis, en cierta medida: el objeto ya no tiene que salir a buscarlo en las caminatas. Hay una a la que ama, que lo lleva. Y más aún, le sostiene el fantasma, ya que le demanda “practicar” bajo la forma de juego erótico. Por supuesto la analista nos advierte del resto: no camina, pero navega, por Internet.

Mi cuestión apunta a eso: ¿cómo justificamos nuestra intervención?. A nivel de la satisfacción el sujeto viene con su goce bajo el brazo. Lo que cambia es que ya no sale a buscar distintas portadoras de ese objeto, portadoras furtivas. Ahora ese goce está enredado con el amor, hay una que lleva puesto la causa de su goce. ¿ Cuál es pues la ventaja en esto?.

 

Caso 2: Dr. Jeckil y Mr. Hide, o la introducción de una nueva curación

Se puede decir que este sujeto viene no sólo con su goce bajo el brazo – como todos vamos…- sino viene también con su solución. Si las auto-acusaciones son su partenaire – como para solicitarle a su analista que no se las quite- la droga es su intento de curación: con ella adormece los auto reproches por un rato. Luego, el síntoma tiene sus filtraciones, sus fallas y se relanza el circuito infernal: con la droga vienen las acciones violentas, la ruptura de los lazos y se redoblan las auto-acusaciones. Pero lo menos que podemos decir es que es una estructura consistente, sólida. Si el caminante despliega su circuito pulsional, Dr. Jeckil- Mr. Hide muestra además su síntoma y su solución (sintomática). Todo cierra. Salvo que una analista se le interpone en el camino. Tania no da detalles de cómo llega, si es un caso que ve en su consultorio o en una institución. Parece que cada vez que él quiere dar un portazo, ella pone un pie, una traba, la puerta que está siempre presta a cerrarse, no lo hace, un poco más de análisis: hay que ponerlo a la cuenta del deseo del analista.

Es muy interesante la forma en que la analista lo escribió, como ella muestra sus intervenciones. Ningún caso es sin ellas por supuesto, pero Tania tuvo una generosidad especial en desplegarlas, incluso a veces en detallar qué la movió a intervenir de tal o cual manera. Es un rasgo distintivo de su presentación. Eso me gustó mucho. Por ejemplo nos escribe que le pregunta esto o aquello porque quiere saber si se trata de una identificación al padre. Separa – dice- el semblante masculino, la mascarada masculina – que apunta a la posición sexuada- de la neurosis obsesiva.

Creo que este caso responde en parte, a mi pregunta de hace un rato. Cómo resolver el problema de la dirección de la cura en la neurosis obsesiva, de competir con las auto-acusaciones, como serrucharles el piso1. Cómo venir al lugar del pensamiento del paciente, tan erotizado siempre y que tantas satisfacciones le da, cómo venir a entablar una relación nueva, un lazo con el analista. Es un problema este que cada uno resuelve todos los días en su consultorio, pero es una particularidad en la cura de los obsesivos.

Esta es una transferencia que tiene la modalidad de la mosca en la oreja: molesta. Quiere dormir, ella lo despierta, quiere drogarse… bueno, no se lo prohíbe, pero le pide que no lo haga. Quiere ser proveedor, ok… a condición de que sea un semblante masculino y para eso hay que separarlo de la deuda con el padre.

 

Caso 3: El voyeur y la muerte o del circuito de la angustia al puerto del amor.

Otra vez otro circuito. Ahora, uno que tiene como motor a la angustia, está armado para poner a raya la angustia. Casi a la manera del pequeño Hans, de un fóbico. Evitar los espacios abiertos. Como en un mapa, marcar en el recorrido la presencia de las farmacias, que lo orientan, lo tranquilizan.

Más adelante, ya avanzado el análisis, recorre las calles con una pastilla en el bolsillo, no para tomarla… más bien para poner una escansión al trayecto. Es un circuito de la angustia y su solución. Digo casi a la manera de un fóbico, porque es un punto problemático del caso, el diagnóstico. Sobre eso quiero pedir su opinión a Roger.

Pero ya tenemos a las pocas líneas del comienzo del caso una pregunta “estrafalaria” – dice de ella el analista- ¿”qué deviene el sexo en erección de los ahorcados… se pudre también?”.

En este paciente llamado Simón hay un punto en común con el caminante de Susana Amado. Es el rasgo de perversión que será recortado por el análisis, el objeto del cuerpo del otro está recortado: al sujeto no le importan esos hombres, lo que cuenta es el objeto que porta, el pene en erección.

Hay que hacer una salvedad - Habría un punto cero del caso, el punto de llegada- estos encuentros vienen después de una ruptura amorosa, una pérdida, aquella que desata la angustia.

Un rasgo precioso: están aislados dos recuerdos que muestran el momento de la insondable decisión del sujeto en la orientación de su goce sexual. Aquellos que señalan el malestar del sujeto al ver- entrever el cuerpo de la madre y el escote de la tía.

Si nos atenemos al pie de la letra del paciente, su padre no merece el respeto: es casi textual la cita de Lacan. Un padre que no está perversamente orientado por la madre, no merece el amor ni el respeto del hijo.  No hay amor al padre: ¿Qué consecuencias tiene esto para el sujeto? Dos casos, este y el del ilustre abogado, doctor en Derecho de Familia y Filiación, nos hacen dudar de los instrumentos que poseen para valerse del padre, ni hablar de servirse de él… parece. No hay allí por dónde buscar. Pero en el caso de Simón la dimensión del amor no está ausente. Hay una estabilización por la vía del partenaire que lo refleja como un ser amable, deseable, posible de ser amado.

Como el caminante, el amor se enreda ahora con el goce, dándole otra dignidad a la vida del sujeto.  

 

Nota

  1. Es una expresión coloquial para decir que se le arrebata el lugar, por la fuerza.

   

Texto recebido em: 30/10/2007

Aprovado em: 15/01/2008